En una autocaravana, el gas suele alimentar la cocina, la calefacción, el boiler de agua caliente y, en algunos casos, la nevera trivalente. Aunque muchas veces se habla de “gas” en general, no es exactamente lo mismo llevar butano, propano o un sistema de GLP recargable.
El GLP, o gas licuado del petróleo, no es un gas único: normalmente es una mezcla de propano y butano. El BOE regula específicamente las instalaciones de GLP de uso doméstico en caravanas y autocaravanas mediante la ITC-ICG 10 del Real Decreto 919/2006, que exige instalación conforme a UNE-EN 1949, certificado de instalación y revisión cada cuatro años por empresa instaladora autorizada. En otras palabras: en una autocaravana el gas no es solo cuestión de comodidad, también de instalación y documentación.
El butano es el más conocido por la típica bombona doméstica. Su gran ventaja es que es fácil de encontrar en España, económico y suficiente para climas templados. El problema aparece con el frío: el butano vaporiza mal cerca de 0 °C, por lo que en invierno, montaña o viajes al norte de Europa puede dejar de alimentar correctamente la calefacción o el agua caliente.
El propano funciona mucho mejor con bajas temperaturas. Su punto de ebullición ronda los -42 °C, frente al butano, que está cerca de -0,5 °C. Por eso el propano es más recomendable si se viaja en invierno, se duerme en zonas frías o se depende mucho de la calefacción. Su inconveniente principal es que puede ser menos cómodo de intercambiar según la zona y el formato de botella disponible.
El GLP recargable para autocaravana busca resolver el problema de estar cambiando bombonas. Se instala una botella recargable o depósito fijo con toma exterior de llenado, válvula de seguridad y corte de llenado normalmente al 80 %. La gran ventaja es la autonomía: se reposta en estaciones con autogás, igual que un vehículo que funciona con GLP. Además, suele ser práctico para viajar por Europa, usando los adaptadores adecuados.
Pero el GLP también tiene un inconveniente importante en la práctica: algunas gasolineras se niegan a servirlo cuando ven una autocaravana. El motivo suele ser la confusión entre una instalación fija homologada y el relleno manual de una bombona convencional. Rellenar una bombona doméstica normal en una estación de servicio es peligroso y no debe hacerse; el problema es que algunos empleados no distinguen entre eso y una botella recargable instalada legalmente con toma exterior.
Esta confusión puede provocar situaciones incómodas: el surtidor está disponible, la instalación es correcta, pero el personal interpreta que se está “rellenando una botella” y rechaza el suministro por seguridad, por política interna de la estación o por miedo a una responsabilidad. Es más probable que ocurra si la toma de llenado está dentro del arcón del gas, si se ve la botella durante el repostaje o si no se lleva a mano la documentación de la instalación.
Para evitar problemas, lo recomendable es que el sistema GLP esté instalado por una empresa autorizada, con toma exterior fija, certificado de instalación, revisión al día y una explicación sencilla preparada: no se está rellenando una bombona doméstica suelta, sino repostando una instalación fija recargable de la autocaravana. Aun así, conviene asumir que alguna estación puede negarse.
En resumen: el butano es suficiente para viajes templados y uso sencillo; el propano es mejor para frío e invierno; y el GLP recargable es la opción más cómoda para viajar mucho, siempre que la instalación esté bien hecha y se acepten sus pequeños conflictos prácticos en algunas gasolineras.
Fuentes consultadas: BOE, Real Decreto 919/2006, GLP, butano, propano.